Antecedentes.
En 2006, EEUU gozaba de excelentes condiciones macroeconómicas: tasas de interés bajas, competencia agresiva en el mercado de créditos hipotecarios, acompañado de un bajo desempleo y salarios altos. A la vez, desde el año 2001, tras los atentados del 11 de septiembre, y para estimular el crecimiento del mercado inmobiliario, EEUU fue relajando sus políticas de crédito hipotecario: se pedían garantías más bajas, menos ahorro previo y se pagaba a tasas de interés que partían bajas pero iban creciendo en el tiempo.
Como era de esperarse, la gente comenzó a invertir en viviendas ayudada por créditos hipotecarios muy fáciles de obtener.
Los problemas comenzaron cuando la creciente inflación de EEUU hizo que la Reserva Federal aumentara sucesivamente la Tasa de Política Monetaria, arrastrando a todas las tasas de interés consigo, el incremento de las tasas contrajo la demanda y con ello los precios de las casas. Aquellos que contaban con créditos hipotecarios, se veían en una situación difícil, enfrentaban una altísima tasa de interés y el saldo de sus deudas superaban el valor de la vivienda. Así, ya sea porque no podían o porque no querían, los deudores hipotecarios ya no pagaban sus deudas.
El estallido de la crisis económica de 2008 puede fijarse oficialmente en agosto de 2007 cuando los Bancos centrales tuvieron que intervenir para proporcionar liquidez al sistema bancario. Tras varios meses de debilidad y pérdida de empleos, el fenómeno colapsó entre 2007 y 2008, causando la quiebra de medio centenar de bancos y entidades financieras.
En septiembre de 2008, los problemas se agravaron con la bancarrota de diversas entidades financieras relacionadas con el mercado de las hipotecas inmobiliarias, como el banco de inversión Lehman Brothers, las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac o la aseguradora AIG. El gobierno norteamericano intervino inyectando cientos de miles de millones de euros para salvar algunas de estas entidades
En México, desde 2008 el peso mexicano entró en una serie de devaluaciones frente al dólar estadounidense que lo llevaron a perder alrededor del 25% de su valor hacia 2009. Entre las medidas que se tomaron para contener la devaluación del peso fue la subasta de una parte de la reserva de divisas internacionales, lo que llevó al país a gastar más de 20 mil millones de dólares estadounidenses sin lograr los resultados esperados
El año 2009 ha sido especialmente difícil para la economía mexicana. Al iniciar el año, las expectativas oficiales pronosticaban un crecimiento exiguo de la economía mexicana a lo largo de 2009. Sin embargo, al pasar los meses las expectativas fueron tomando derroteros más pesimistas y en ocasiones contradictorios Después de la epidemia de gripe A(H1N1), se comenzó a hablar de una afectación de la actividad económica en el país, especialmente en el caso del sector turístico que es uno de los más afectados.
El desempleo abierto en México subió a 4,06% en enero de ese año, comparativamente mayor con la tasa del año anterior que se encontraba en 3,96%, y solo en enero de 2009, 336 mil personas se quedaron desempleadas en México.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) señaló en su reporte anual que México sería el país más afectado por la crisis económica en la región, al presentar una contracción de 7% en su producto interno bruto (PIB).[]
Se desconoce el alcance de esta crisis, pero por lo pronto, Que podemos hacer?
No podemos olvidar que el entorno macroeconómico también afecta de forma directa en nuestra economía particular. Factores como el IPC (que afecta al nivel de precio de nuestras compras), desempleo, tasas de interés reales y producto interno bruto se observan en la economía real y afectan nuestras vidas.
Las fórmulas mágicas no existen, sin embargo podemos recapacitar sobre temas muy elementales que si aplicamos de forma regular y consistente, seguro que nos permitiría salir o al menos aliviar nuestra particular crisis económica. En realidad esto depende de definir metas de ahorro, reducir gastos e incrementar ingresos.
Teniendo metas claras, basadas en un plan a nivel personal a largo plazo, será sencillo saber si un gasto te ayudará a alcanzarlas o bien será un obstáculo.
Para determinar si un gasto es un obstáculo, basta con tener presente tu plan personal, ya que bajo esta perspectiva una meta de ahorro se valorara más que los gastos pequeños, potencialmente innecesarios.
En otras ocasiones algunos gastos te servirán para aumentar tu capacidad para generar ingresos, para ello es necesario saber exactamente cómo y cuándo un gasto comenzará a rendir frutos.
Muchas veces realizar un gasto puede generar beneficios, siempre y cuando el beneficio sea mayor que el nuevo gasto.
Por último, gran parte de la publicidad está orientada a hacer creer que cada compra vale la pena aunque no se tenga planificado. Sin embargo, ¿cómo te sentirás después de varios meses después de haber hecho la compra? ¿Te habrás endeudado por un capricho?
Esto no significa que no se deba gastar en algunos caprichos de vez en cuando, pero debemos estar tomando en cuenta esos caprichos en nuestro presupuesto y saber qué tantos caprichos realmente podemos pagar, sin sacrificar las metas a largo plazo.
jueves, 24 de septiembre de 2009
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